//
Estás leyendo...

Los cubanos en el Mundo

El cubano emigrante y el trastorno tripolar

Como muchos cubanos que hemos emigrado, el día que comienza esta aventura nuestro ser, nuestra personalidad comienza a ser sometida sin más a una presión en ascenso, de la cual en la mayoría de los casos no estamos conscientes. Aun en los casos de emigraciones de terciopelo este fenómeno esta presente en igual medida. De un yo veremos como podemos llegar a tener tres yo a la vez.

El yo de siempre 1 Durante los primeros tiempos de la emigración siempre son considerados como muy difíciles y podemos pensar que con el tiempo las dificultades irán disminuyendo hasta volver a una nueva normalidad. Son tiempos de carga afectiva por lo violento de integrarse a una sociedad ya asentada con claves y costumbres distintas a las nuestras.

Quien emigra al mundo anglosajón se ha de adaptar a un modo de vida radicalmente distinto al de la isla, hemos de acondicionar nuestras costumbres a un año marcado por cuatro estaciones y tres de ellas de frío. Los profesionales de cosas técnicas han de hacer un reciclaje de todo su conocimiento para poder entrar en un mundo profesional que utiliza casi siempre otros métodos, otras normas y en el caso de los Estados Unidos e Inglaterra salir de nuestro Sistema Métrico y pasar a las ingles.

No estaremos cómodos en este nuevo país hasta que no volvamos a recomponer ese concepto de estar en casa. Complejo de por si, “el estar en casa” como tal implica que vivamos en un sitio del cual conozcamos bastante, nos sea familiar, especialmente lo tengamos en nuestro cerebro, según cada persona tengamos nuestros refugios que son cines, bibliotecas, bares y cafés, sitios donde pasar el tiempo libre, hacernos de un nuevo circulo de amistades y afinidades.

Este proceso de adaptación va rápido o lento, depende en que medida nos entreguemos a esta nueva vida o no tanto, depende de la edad y la preparación general de cada individuo para adaptarse a medios nuevos, a como tengamos la capacidad de empezar desde cero. A la par de dedicar mucha energía al tema económico y con ello a adaptarnos técnicamente hasta encontrar un empleo o actividad con la cual podamos convivir, nos vamos involucrando en ese nuevo país y un día nos damos cuenta cuando alguien nos pregunta en la calle por una dirección que se nos comienzan a olvidad las calles de la Habana, Santiago o Camagüey, pero nos sorprendemos de que ya podemos indicar una dirección y es que ya ese es nuestro espacio. Igual pasa con la política y la cultura, ya conocemos a políticos, programas de la tele, los famosos del lugar, etc.

Este proceso se da generalmente por concluido cuando también un día y de repente percibimos que los del lugar ya nos consideran uno más: en los sitios te llaman por tu nombre, por la calle te saludan vecinos, comerciantes, etc. El yo extranjero 2 Con más o menos nivel integración en el nuevo país, ya en este nos sentimos cómodos, sabemos los entresijos de los cotidiano, sabemos como podemos movernos y que espacios de libertad tenemos. En este momento ya la familia esta con nosotros, generalmente ya vivimos en un sitio estables, tenemos una vida formada en este segundo país, sin obligación o tomamos parte en la política, ejercemos nuestro derecho democrático de elegir a autoridades locales y del país.

Nuestros hijos van a la escuela, y pronto ellos si comienzan a sentirse más de aquí que de allá. La relación de años cuba con años extranjero rápidamente se inclina hacia el país extranjero y esto es determinante para los niños y jóvenes. Es en este momento cuando este ciudadano cubano, ahora cubano-americano o cubano-alemán o cubano-español se enfrenta al reto de la bipolaridad. Por una parte se quiere integrar allí donde lo aceptaron, por el otro necesita reafirmar su yo cubano. Reafirmar el yo cubano porque son sus raíces, su identidad mas verdadera, es la que en ultima instancia responde con el instinto. Si no existe un equilibrio estable y consciente entre lo cubano y lo extranjero estaremos reprimiéndonos y esto nunca ha sido bueno.

Si en un medio anglosajón, serio, queremos ser uno más entonces no gesticulamos, apagamos un poco la expresión corporal, hablamos mas pausado y claro, dejamos que los otros hablen y esperamos pacientemente nuestro turno en la tertulia del bar, acostumbramos nuestro oído a la música culta, a la música autóctona, a la música internacional, cambiamos la pelota por el fútbol o el baloncesto. Cuando un día el cubano se nos escapa porque queremos bailar casino, rumba o chachachá, los términos de ofensa local se nos quedan corto por que hemos de cantarle las cuarenta a un tipo y decirle que ni pi….., entonces nos pueden tachar de padecer un trastorno bipolar.

Además, un día alguien nos recuerda que no somos de aquí, que somos un extranjero. La única forma de sobrevivir a esta situación en lograr un equilibrio sobre la base de mantener nuestro ser cubano fuerte, un día además tendremos que explicarle a nuestro hijos y no perder de vista que estos trastornos de bipolaridad pueden ser explosivos en las segundas generaciones de emigrantes. Lejos de aislar a los niños de Cuba, hay que enseñarles desde muy niño todo sobre su patria y que sepa crecer aun bajo la nieve de Suecia con la Palma Real. El yo ausente 3 Es que hasta aquí ya era bastante, pero no. En este momento de nuestra circunstancia aparece el pasado, los recuerdos a través de los familiares que dejamos en Cuba, o esa la Cuba que muchos vuelven a visitar esporádica o anualmente. Desde hace ya más de una década muchas familias que viven en la isla son prácticamente mantenidas por su familia cubana en el extranjero.

Lo que pudo parecer como una ayuda se ha convertido en un subsidio permanente. Como además la situación del país lejos de mejorar o estabilizarse, empeora, para los cubanos de la isla, sus familiares en el extranjero son su tabla de salvación. Es la llamada industria de la nostalgia, la trampa sentimental de que tenemos que ayudar. Nuestras familias buscan la forma de estar en nuestra actualidad. Nuestro yo trata de mantener una ayuda y no solo envía dinero, dedica algún tiempo al envío de medicinas, ropa, etc.

La situación muy extraña de la Cuba de los últimos tres años además genera muchas noticias que hacen que muchos cubanos que habían dado carpetazo al tema de Cuba, vuelven a conocer su actualidad. Si este yo que mira a Cuba, lo unimos a los otros dos, entonces nos encontramos padeciendo un trastorno tripolar, o dicho de otra forma nuestra vida cotidiana esta sometida a tres presiones muy distintas entre sí a diario. Poco se ha escrito sobre esto, pero lo cierto es que hemos de convivir con las tres situaciones a la vez.

Con el yo extranjero y el yo del pasado hemos de llegar a conceptuarlos bien y establecer unos limites de hasta donde podemos avanzar en ellos, hasta donde podemos dejar estar con nosotros mismos sin que pongan en peligro nuestro yo cubano que es nuestro centro, es uno mismo. Sorprende entonces como siendo tantos yo cubano que vivimos en el extranjero, que no atendamos a nuestro yo cubano colectivo. Es más que nuestra identidad propia que la tenemos fuerte, es generar un yo colectivo que nos potencie y beneficie. Bajo el signo de “soy cubano” y sin importarnos su filiación política, religiosa, sexual, si es emigrado permanente o con PRE, crear un grupo de los cubanos en todo el extranjero y en cada país que nos defienda como colectivo, que busque para nuestros cubanos ayudas y nuevas posibilidades como han venido logrando otros grupos nacionales como son los ecuatorianos, peruanos, etc.

Discussion

No comments yet.

Post a Comment